Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

domingo, 4 de agosto de 2019



Terminé el último sorbo de café y el silencio del domingo, del descanso temprano hizo aparecer como borbotones los recuerdos de tantos que ya no están. La leve melancolía que asomaba quiso acompañarla de esa añoranza, de la gente ausente. Me subió lentamente la tristeza a la garganta, casi me ahogaba al comprobar que no eran pocos y los que eran los echaba de menos de alguna manera. Seguían presente como ahora, que surgen del olvido y los aireo, se alinean junto a mí. Quizás sea para no borrar del todo sus pasos por la vida, mi vida, al fin y al cabo participaron en ella. Puede que se unan para visitarme, como ahora, en un domingo callado, ausente de ritmo, pero latente.

miércoles, 31 de julio de 2019


Eres buena persona.
Cada vez que nos cruzábamos en la oficina, bien en el pasillo o en la fotocopiadora, daba igual el lugar, Jose mi compañero, mascullaba esa pequeña afirmación. Cuando lo escuchaba y se dirigía a mí con esa singular frase, me producía inesperadamente una leve sonrisa de incredulidad o, mejor dicho, recelo.
Lo cierto es que me sonaban arrinconadas y lejanas, no porque él las dijera, ni tampoco por ser de una estatura elevada y eso le provocara exclamar desde lo alto con perfilada resonancia.  En realidad, es que no soy buena persona, soy lo que se dice una bruja mala, como el colesterol LDL, que está y obstruyen las autopistas del corazón, de la cabeza, de nuestro interior, pero siempre está con nosotros.
Las brujas malas, yo, se acomodan con la buena gente y como tienen magia, se disfrazan de encantadoras. Claro, a veces el cansancio se asoma y se ve un poco, a mí, pero sólo, poquito ruin que soy, pero afortunadamente los amigos no lo tienen en cuenta, en cambio otros, me borran del mapa estelar, pero como soy mala, no me importa.
Jose me lo dijo hoy otra vez. Eres buena persona, y le sonrío, porque de tantas veces que lo ha dicho, casi me lo estoy creyendo, claro que no sólo a mí me regala ese alago, también se lo dice a las otras chicas.
Me rio, ahora me rio, con carcajadas grandes y satisfecha cuando me viene a la memoria una frase elocuente.
Una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad.

sábado, 20 de julio de 2019


¿Escribir tú?
Repaso los pasos, me detengo en el tiempo lejano, cuando alguien dijo que era incapaz, que no era capaz. Paz.
Segundos abrumadores dieron paso después a ignorar esas palabras. Sonrío.
Tampoco el logro es tan brillante, apenas ilumina un rincón, pero asoma la pequeña llama revoltosa y tímida que de seguro alguien admirará. Esperanza.
Las palabras siempre conllevan sombras alargadas, sinuosas, hasta el punto que se presentan tenebrosas, aunque, por el contrario, afortunadamente las otras, las bonitas, danzan elegantes y tiernas dejando entre ver que sí, que tal vez algún día…
Se puede, claro que se puede dejar atrás la adversidad, arrinconar la falta de fe, o de poco interés, esos ojos malévolos, quien sabe que oculta esa mirada.
No eres lo suficientemente culta, intelectual, literaria, lo digo por tu bien.
A dónde vas ¿con una novela?
¡Voy a donde yo quiero!

sábado, 6 de julio de 2019


                                       DE PEQUEÑA, YA MI MIRADA VOLABA SIN RUMBO.
   Lo recordaba no hace mucho con mi madre. Cuando le explicaba con orgullo que pronto iba a presentarse un nuevo libro de relatos, con varios escritores, y que yo participaba también. En una pausa reflexioné un diminuto segundo. Teniendo en cuenta que está lejos de contener palabras cultas y licenciadas. Sin embargo, recordé en otro segundo aquel amigo que le gustaba mi escritura sencilla y directa, sin florituras, así lo apuntó, otra señaló, eran mis textos livianos como dientes de león.  Eso, acabó por convencerme, despertar cierta aceptación sin ser mediocre, me conformaba la idea para continuar. Pero no era eso lo que iba a comentar. Me había quedado con mis ojos y mi forma de mirar las cosas de niña. Nos reímos, sí, mi madre y yo, seguimos ahí, en el rencuentro del pasado rememorando mis despistes ante la tabla de multiplicar con mi padre sentado y yo de pie a su costado, apenas le sobrepasaba el hombro, repasábamos la tabla del cinco, con lo fácil que era esa. Mi padre insistía.
     −Cinco por cinco, Yaya.
     Definitivamente él y su inmensa paciencia se rendía ante mí, porque lo que me atraía no era los números sino mirar aquella mosquita que buscada un lugar donde posarse. Donde tendrá esta niña la cabeza, le replicaba mi madre. Y las dos, ahora en Bajamar nos reímos por semejante tontería.
       Cuando mi madre sonríe, se para el tiempo.

viernes, 28 de junio de 2019



        
 Hacía mucho tiempo que no miraba cariñosamente a Madrid…  ya tocaba.

         
   Mis ojos volvieron a brillar como una jovencita adolescente, con esa chispa que tan solo los que se estremecen por pequeñas cosas saben de qué hablo. Los minutos fueron intensos como regalos envueltos en papel bonito, de muchos colores. En seguida supe que todo me iba a gustar, como siempre pasa. Un poquito de todo en la gran ciudad. Era la escapada perfecta para dejar atrás la angustia diaria, las obligaciones y sí, también la novela.

  Entre sus amplias calles, sus elegantes fachadas puedes contemplar una escena peculiar, alguien toma un vermut en una terraza de cafetería decorada con buen gusto y a unos pasos en un portal, duerme una persona envuelta en mantas, un desahuciado de la vida. Es cierto, siempre habrá pobres, y ricos, desde los comienzos.

   Pero Madrid siempre me acoge con encanto y yo… encantada.

martes, 14 de mayo de 2019


   Me llegaba el fresco de la mañana en la cara como la caricia necesaria para comenzar el lunes. El exuberante parque con sus árboles que se balanceaban al ritmo del aire, sin violencia, como danza amable. Con una lentitud de poco ánimo avanzaba en dirección al trabajo. Las ganas, me volverían una vez que saboreara el café abrazado por la leche condensada. No me quedaba mucho, a penas diez metros cuando se manifestó un pensamiento repentino.

   Ya se por qué me levanto de las dificultades, por qué remoto la fuerza necesaria para superarlas, para no caer, ni dejar que me desarmen. Ni escudo, ni lanza ni espada, tan solo busco en los rincones de mi espacio las pequeñas cosas bonitas que siempre aparecen ante mí, tarde o temprano. Una pequeña sorpresa, un día soleado o un pequeño proyecto que puede crecer. Lo sujeto con firmeza, pero con delicadeza también, no sea que se quiebre y se convierta en mil pedazos.
Casi en la puerta, sonrío.

jueves, 18 de abril de 2019



     

      Miré la foto de mi padre, el recuerdo de mi hermano, del primo, de los amigos que ya no    están. Después, los acontecimientos antiguos agolpados unos detrás de otros, sin orden, como una agitada tormenta se precipitaron ante mí. De pronto me di cuenta que ya no me quedaban lágrimas. 
      No tengo me dije pensativa. Las últimas las gasté hace ya tiempo y ahora sólo contemplo con ojos distantes, pero no, no son fríos.
       Ya no me quedan lágrimas.

domingo, 14 de abril de 2019














Yo quise ser escaladora,
bailar con la roca,
del equilibrio la danza.
Rocé con la punta de mis dedos blancos,
el basalto frío o cálido,
la pared con paso delicado.
Y subí la pequeña,
tan sólo la primaria,
la que nadie alaga.
Seré escaladora me decía,
como aquellos que admiro,
los que me enseñaron, 
los que llamaban raros.
Y mi sueño se agrandaba, 
como un globo de color bonito, brillante.
Qué bueno fue tocar con las manos los sueños.
Soñé que la conquistaba, 
y a lo alto, el recorrido desde la unión, admirarla.

lunes, 18 de febrero de 2019


Después de mucho tiempo, la gripe me venció.
Lo cuento ahora que termina mi penitencia con ella y que, aunque no del todo recuperada, necesito ya ser persona. Porque una semana en casa da para mucho pensar y sacar conclusiones de esas que después marcarán el camino a seguir. Por aquí o por allí.
El lado positivo de todo esto, podría haber sido que adelantara la novela, pero no estaba la cabeza para escrituras, o terminar la lectura de la novela de Fátima Martín, que es una pasada de historia que te atrapa, tampoco pude leer a mi pesar. Solo, exclusivamente pensar. No, hablar tampoco, pensar.
Y ¿qué pensaba? En ti, o en ti, o en aquellos o ellas. En definitiva, en todos los que forman parte de mi vida y que algunos asomaron para desearme pronta recuperación y otros y otras pasaron en silencio, o no pasaron, que es casi lo mismo.
No es malo ordenar la mesa donde se trabaja la vida. De vez en cuando hay que tirar los papeles inservibles y tomar solo aquello que realmente te aporte algo positivo, bueno o incluso por que no, simplemente una pequeña sonrisa, sin más.
Dejé atrás las contemplaciones, me quedo con la franqueza de las personas, su verdadera realidad, sus miradas limpias sin arrogancia, sus manos extendiéndolas sin querer nada a cambio.
Pensar viene bien, con el tiempo suficiente, sin prisas.  

jueves, 3 de enero de 2019


Me dio olor a lápiz.
No es nada extraordinario, si no fuera que ese aroma me trasladó unos segundos a mi colegio de chica.
Me vi en medio del pasillo de poca luz, con aquellos ventanales donde desde allí se apreciaba la enorme clase que comunicaba también al patio, al recreo. Las mesas y las sillas se alineaban por todo el aula. El suelo, tenía las baldosas con dibujos antiguos, no eran cuadrados, pero formaban algo así.
El perfume a niñez me embriagó por un momento y quise volver allí. Vendita infancia que, con sus carencias, era inocencia.
Puede que algo de niña quede en lo profundo de Cande.
Quizás sea los Reyes que se aproximan y despierten la fantasía de una ilusión arrebatada.