Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

lunes, 18 de febrero de 2019


Después de mucho tiempo, la gripe me venció.
Lo cuento ahora que termina mi penitencia con ella y que, aunque no del todo recuperada, necesito ya ser persona. Porque una semana en casa da para mucho pensar y sacar conclusiones de esas que después marcarán el camino a seguir. Por aquí o por allí.
El lado positivo de todo esto, podría haber sido que adelantara la novela, pero no estaba la cabeza para escrituras, o terminar la lectura de la novela de Fátima Martín, que es una pasada de historia que te atrapa, tampoco pude leer a mi pesar. Solo, exclusivamente pensar. No, hablar tampoco, pensar.
Y ¿qué pensaba? En ti, o en ti, o en aquellos o ellas. En definitiva, en todos los que forman parte de mi vida y que algunos asomaron para desearme pronta recuperación y otros y otras pasaron en silencio, o no pasaron, que es casi lo mismo.
No es malo ordenar la mesa donde se trabaja la vida. De vez en cuando hay que tirar los papeles inservibles y tomar solo aquello que realmente te aporte algo positivo, bueno o incluso por que no, simplemente una pequeña sonrisa, sin más.
Dejé atrás las contemplaciones, me quedo con la franqueza de las personas, su verdadera realidad, sus miradas limpias sin arrogancia, sus manos extendiéndolas sin querer nada a cambio.
Pensar viene bien, con el tiempo suficiente, sin prisas.  

jueves, 3 de enero de 2019


Me dio olor a lápiz.
No es nada extraordinario, si no fuera que ese aroma me trasladó unos segundos a mi colegio de chica.
Me vi en medio del pasillo de poca luz, con aquellos ventanales donde desde allí se apreciaba la enorme clase que comunicaba también al patio, al recreo. Las mesas y las sillas se alineaban por todo el aula. El suelo, tenía las baldosas con dibujos antiguos, no eran cuadrados, pero formaban algo así.
El perfume a niñez me embriagó por un momento y quise volver allí. Vendita infancia que, con sus carencias, era inocencia.
Puede que algo de niña quede en lo profundo de Cande.
Quizás sea los Reyes que se aproximan y despierten la fantasía de una ilusión arrebatada.

miércoles, 26 de diciembre de 2018


Rencor. Resentimiento arraigado y tenaz.
No se aún si soy rencorosa o si lo que soy es olvidadiza.
La duda me surge sin tampoco mayor transcendencia, pero ahí está, erre que erre. El caso es que me ocurre en alguna ocasión que saludo a alguien que ha pasado tiempo sin verle.
−OH! ¿Qué paso?
La mayoría de las veces es correspondida, y es más tarde cuando me viene a la memoria que alguna de aquella persona tuvimos diferencias atrás, en el tiempo. Me gusta saber que no fuera lo suficiente tenaz para mantenerse. Pero otras, no son así. Entonces me digo. Si fuera rencorosa me acordaría, de forma que evitaría la gélida indiferencia. ¿No?
 Pero sigo sin saber la respuesta.

miércoles, 5 de diciembre de 2018


De repente me siento invisible,

no porque no me vean,

sino porque no he sabido dejarme ver.

martes, 27 de noviembre de 2018


Hacía tiempo que una palabra no me asaltaba de bonita o curiosa. Ya echaba de menos esa sensación de descubrir o rememorar. Rebuscando para una frase, apareció ella. Bulla. Apenas se escucha por pequeña, pero de un significado enorme. Bulla, bella, aunque a muchos le dé dolor de cabeza.

viernes, 16 de noviembre de 2018


Hoy, mientras iba al cortadito de las siete, me di cuenta de que el barrio donde trabajo me ha adoptado como suyo. Solo hizo falta el paseo matutino. Primero los buenos días a los señores sentados en el rellano del ventanal de un comercio que pasan las horas hablando y fumando, supongo que ahora  se regocijan de la tranquilidad obligada o no, aunque, eso sí, continúan madrugando. También el saludo al camarero que con la sonrisa amplia y amable me sirve el café, siempre acompañada de un chiste y me arranca unas risas. Yo agradecida. Devuelta al trabajo paso por la panadería donde el aroma del pan recién horneado hace las delicias de esa parte de la calle, ella, la dependienta me mira, va a saludar, pero mis pasos se adelantaron y desaparecí acera arriba frustrando su saludo, sin yo querer, claro. En la esquina la farmacia, aun cerrada a punto de abrir, y en la otra el micro supermercado, que visito más de lo que pensaba. Cerca el señor que vende cupones de buena mañana, en su lugar de costumbre, al intemperie, acompañado siempre por una señora, constantemente están hablando.  Los dejos atrás y a pocos paso, el puente, donde me gusta detenerme a mirar el mar a lo lejos, y el horizonte hoy enrojecido, despuntando el día. Dos chiquillo con la mochila y repeinados cuchichean entre ellos, se dirigen al colegio junto a su madre que me ofrece otro hola mañanera, lo devuelvo con una sonrisa. Y es ahí, justo ahí  cuando me siento parte del lugar.
Queda unos minutos para empezar la jornada con la sensación agradable que el barrio de mi trabajo es parte de mi historia.


viernes, 19 de octubre de 2018


Me eché a reír sola, mientras relajada miraba el techo de la habitación. Estaba oscuro porque era todavía temprano, aunque se podía ver la silueta de la lampara tras la tímida luz. No, no era el sol, hoy estaba nublado y el patio olía a mojado, ese olor a lluvia temprana. La cortina cedía el aroma con elegancia y parsimonia. Era hasta arrullador el movimiento. Todo eso al tiempo que recordé con agrado de ahí mi risa, la casualidad que tienen mis dos amigas. En mis elucubraciones reparé donde las conocí. ¡En el trabajo! Por aquel entonces era La Tesorería General de la Seguridad Social, primero a Mary Amor hace treinta y cinco años y unos menos a Rosa Mary. Entre papeles y archivos.
Hoy antes de comenzar el día, de esos que rememoro la amistad ellas aparecieron.
Con un cariño muy especial amigas.