Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

domingo, 12 de enero de 2020


Taganana.
Fue pasar el túnel y un torbellino de recuerdos asomaron ante mí. Abajo, se divisaba las casas blancas, y al fondo el mar. Hacía mucho que no la visitaba en coche. La conozco mejor a pie, por sus senderos, sus angulosas montañas, sus hermosos paisajes.
De pequeña iba más; es la tierra de mis padres, hasta que mi madre decidió un no. Ya se sabe, como diría…una madre influencer.
Pero el recuerdo perdura y mientras me aferraba al volante para contemplar el valle, sin perder el orden; Taganana se manifestaba grandiosa. También escuché a mi padre susurrarme al oído melodías mansas.
No fue hasta llegar al Bar Casa Picar, que me esperaba mi amigo Carlos, cuando cesó la nostalgia, después, aparecieron los amigos disfrutando del Metra.


viernes, 10 de enero de 2020

“…su carácter solitario, individualista e independiente lo hacen el animal perfecto para convivir con un escritor.”
   El día que lo leí, estaba planteándome más en serio eso de escribir; y la frase no me alentó mucho, si he de ser sincera.
A mí, los gatos no me gustan.
   Un nubarrón se formó súbitamente sobre mi cabeza. Todo lo quería saber, para poder recuperar el tiempo perdido; llegar con retraso al mundo literario tiene muchas desventajas y todo era poco para poder desenvolverme mejor en ese mundo. Más tarde, comprendí que uno debe seguir su propio camino; pero eso, es otra historia.
   El gato: fue por un momento un problema. Los buenos escritores se habían acompañado de un gatuno, me repetía ¿yo podría…? Reflexioné sobre ello, incluso me planteé tener uno por si su presencia, alagados por tantos, pudiera despertar la inspiración o la creatividad ante la famosa hoja en blanco.
   No, no lo tuve, ni lo tengo. No quise hacerle ese feo al gato conviviendo conmigo, no sería justo para él. También debo decir que no me he desanimado, todo lo contrario, sigo en la búsqueda de historia dentro y fuera de mí, para dejarlas en el papel; sin gato. 
Continuo. Soy una soñadora, una luchadora.

sábado, 30 de noviembre de 2019


Siempre y puntual aparece el mes de diciembre con su melancólica cara de felices fiestas Cande.
Tan elegante, engalanado de bolas brillantes y belenes de mil formas. Acude a mí con la esperanza nuevamente de que le acoja. Lo hago, qué sí, que nunca lo he dejado atrás. Lo adopto el tiempo justo, ni más ni menos. Busco mi sonrisa ancha y mis ojos luminosos para que no se sienta extraño.
Diciembre es exigente, es a veces arrogante y en ocasiones, pocas, indiferente. Pero lo menos que me gusta del doce mes del año es su empeño en recordarme las ausencias, los tristes vacíos.
Qué sí, que me pondré mi mejor cara y arrancaré un año más con la hospitalidad, y reposará en casa, como de costumbre, aunque la añoranza sea mi ropaje.



Foto: José Castellano.

miércoles, 27 de noviembre de 2019


(16/11/2019)
Hoy me miré al espejo, en casa mi madre, así, sin querer. Había otra luz, por eso me detuve ante mi propia imagen. Ya aparecen las arrugas en mi rostro, me dije. Ninguna sorpresa porque ya estaban antes, ayer, y el otro día también. Esa luz, era diferente.
No, ya no soy la chica con centelleantes pasos. Ni la que tenía miedo a dar un pequeño salto. Ni aquella que se escondía bajo la almohada, tras la tormenta. Tampoco la de altos tacones y largo pelo negro, exuberante, a veces informal.
Ahora parece que el tiempo se acorta, que queda menos. Y yo ante el espejo, mirándome.
Quizás sea por eso que aprovecho más las alegrías, los momentos intensos, los abrazos sinceros. Olvido los desaciertos, las indiferencias y sí, también los desprecios. Me quedo contigo, amiga, amigo. Porque me extiendes tu mano y me sonríes, no es necesario nada más.
Era la luz, pero sumo años. ¿o resto?


(06/11/2019)

Descubrir palabras me chifla, pero hacía mucho tiempo que no me sorprendía una, hasta ayer.
Inmarcesible.
La repetí para pronunciarla bien, que lo requiere. Pues no me disgustó escucharla. Después, cuando supe su significado, fue aún más atractiva.
No creo que la utilice en algún texto, porque lo más probable es que me olvidase de ella, pero, quién sabe si un día, en un momento de optimismo o quizás, de pesimismo la use.

(04/11/2019)
Hoy eché de menos ver a mi padre.
Sentí su ausencia, tan intensamente que casi me quiebro. Pero sonreí, se que es leve, que pasará como la ligera bruma en los montes, en Anaga, su tierra.
En ocasiones, su serenidad me aplacaba, me envolvía de paz y recuperaba el aliento. Porque no soy fuerte, no soy coraje. Soy espuma, aire salado.
Eché de menos su mano templada que la extendía para ofrecerme, a mí, la calma, él, cariño.
Hoy lo vi en mi memoria, con su mirada amplia, limpia de mal, casi creí que estaba cerca, a mi lado.

Hoy, rememoré a mi padre y creo, sí, que vino.



(27/10/2019)
Los ojos de Raquel son como dos obsidianas, que miran y observan el mundo, callada. No es tranquila, lo parece, pero es inquieta por dentro. Delgada morena es la niña grande que quiero sin saber muy bien si se lo dije lo suficiente, quizás pueda ahora sin palabras, como a veces hablamos los tímidos. Como cuando chica le dejaba un hibiscus blanco, mi forma de decirle lo mucho que la quería. Otra vez sin palabras.
La niña madre que fui, ahora lo es ella, con Samuel por medio revolotea la ternura, la inocencia bonita.
Un hermoso regalo para endulzar el cuento infantil El volcán Pillo.
Pillo y la gaviota Dorotea vista a través de los ojos de mi hija Raquel.