Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

miércoles, 5 de diciembre de 2018


De repente me siento invisible,

no porque no me vean,

sino porque no he sabido dejarme ver.

martes, 27 de noviembre de 2018


Hacía tiempo que una palabra no me asaltaba de bonita o curiosa. Ya echaba de menos esa sensación de descubrir o rememorar. Rebuscando para una frase, apareció ella. Bulla. Apenas se escucha por pequeña, pero de un significado enorme. Bulla, bella, aunque a muchos le dé dolor de cabeza.

viernes, 16 de noviembre de 2018


Hoy, mientras iba al cortadito de las siete, me di cuenta de que el barrio donde trabajo me ha adoptado como suyo. Solo hizo falta el paseo matutino. Primero los buenos días a los señores sentados en el rellano del ventanal de un comercio que pasan las horas hablando y fumando, supongo que ahora  se regocijan de la tranquilidad obligada o no, aunque, eso sí, continúan madrugando. También el saludo al camarero que con la sonrisa amplia y amable me sirve el café, siempre acompañada de un chiste y me arranca unas risas. Yo agradecida. Devuelta al trabajo paso por la panadería donde el aroma del pan recién horneado hace las delicias de esa parte de la calle, ella, la dependienta me mira, va a saludar, pero mis pasos se adelantaron y desaparecí acera arriba frustrando su saludo, sin yo querer, claro. En la esquina la farmacia, aun cerrada a punto de abrir, y en la otra el micro supermercado, que visito más de lo que pensaba. Cerca el señor que vende cupones de buena mañana, en su lugar de costumbre, al intemperie, acompañado siempre por una señora, constantemente están hablando.  Los dejos atrás y a pocos paso, el puente, donde me gusta detenerme a mirar el mar a lo lejos, y el horizonte hoy enrojecido, despuntando el día. Dos chiquillo con la mochila y repeinados cuchichean entre ellos, se dirigen al colegio junto a su madre que me ofrece otro hola mañanera, lo devuelvo con una sonrisa. Y es ahí, justo ahí  cuando me siento parte del lugar.
Queda unos minutos para empezar la jornada con la sensación agradable que el barrio de mi trabajo es parte de mi historia.


viernes, 19 de octubre de 2018


Me eché a reír sola, mientras relajada miraba el techo de la habitación. Estaba oscuro porque era todavía temprano, aunque se podía ver la silueta de la lampara tras la tímida luz. No, no era el sol, hoy estaba nublado y el patio olía a mojado, ese olor a lluvia temprana. La cortina cedía el aroma con elegancia y parsimonia. Era hasta arrullador el movimiento. Todo eso al tiempo que recordé con agrado de ahí mi risa, la casualidad que tienen mis dos amigas. En mis elucubraciones reparé donde las conocí. ¡En el trabajo! Por aquel entonces era La Tesorería General de la Seguridad Social, primero a Mary Amor hace treinta y cinco años y unos menos a Rosa Mary. Entre papeles y archivos.
Hoy antes de comenzar el día, de esos que rememoro la amistad ellas aparecieron.
Con un cariño muy especial amigas.



miércoles, 17 de octubre de 2018



Un caramelito con manitas juguetonas, de mirada amplia y curiosa. Su olor a leche, a limpio, a jazmín. Se abre una puerta llena de telas de arañas, olvidada, incluso las ventanas cobraron luz junto a un aire fresco, como un amanecer después de la lluvia. Frágil pero fuerte. Sonríe, pero no a todos.
El silencio manso que reinaba queda atrás y ahora lo domina la risa, el llanto, las futuras palabras que sin forma ya hablan. También el grito pequeño y el susto inmediato. Los abrazos, los abrazos son lo mejor. No, no es cierto, lo mejor… es todo él.

miércoles, 22 de agosto de 2018


Yo creía que con el tiempo y lo aprendido…las canas, la edad, me darían sabiduría. Sobre todo, que tendría muchos amigos entre otras muchas cosas. La amistad, que tesoro.  Sin embargo, estaba equivocada. Triste conclusión querido mundo. Pero en realidad no le echo la culpa a nadie, sino a mí, a mí sola, porque también, como unos cuantos, estoy tremendamente intoxicada.

martes, 10 de julio de 2018


Hay veces que uno deja de ser persona y pasa a ser circunstancia. Cuando eso ocurre, como es mi caso, no me reconozco del todo. Entonces, me entra la duda si los demás también perciben esa metamorfosis. Y si eso fuera así, pido disculpas por mis ausencias, por mis cambios de humor, por mi poca paciencia. Pero es lo que toca ahora. El deber por encima de todas las cosas y eso, por un lado me reconforta, pero por otro, confieso que me inquieta, por si el tiempo quiebre las cosas y nada sea ya como antes. Solo me queda tomar fuerzas para continuar en ese sendero de responsabilidad.
Espero regresar algún día a Cande, la de siempre. Quién sabe si puede que sea mañana mismo.
Feliz verano.