Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

martes, 29 de noviembre de 2016

Una vez me vi mendigando recuerdos.
Me vi rebuscando en los cajones, en las estanterías, incluso en las cajas de galletas, la de los zapatos, la de mis paranoias. Me invadió la desesperación. Pude recopilar unos cuantos, pero no eran suficientes y busqué debajo de la cama, en los bolsillos de las chaquetas e incluso dentro de los libros. Apenas encontré alguno más. ¿Dónde estaban mis recuerdos?
Pasó el tiempo y abandoné la búsqueda. Dejé a un lado la ansiedad y opté por esperar.  Tal vez ellos sean los que acudan a mí.

sábado, 26 de noviembre de 2016




 Escritura especular.
Qué delicia descubrir aquella tarde de invierno cuando la lluvia tejía la ventana con plateadas gotas y el frío asomaba por la rendija. Yo pensaba que iba a caer los minutos, como siempre ocurría los domingos, con mis ojos de mirada pesada, desanimada. Tenía la esperanza que fuera así, rápido, con el ocaso de inmediato y cerrar mis párpados para abandonarme en el sueño balsámico. Olvidando por fin el solitario día, ese que aplasta los sentidos. Pero el recorte de prensa, que por casualidad asomaba desordenado junto a otros tantos. Allí, en la caja bonita, donde guardaba siempre lo interesante, al menos así lo creía por aquel entonces, pese que después, es probable que no volviera a verlo. Y miré, por mirar, sin ningún interés, y leí de reojo. Leonardo da Vinci. Un artículo con partes subrayadas de color rosa, tan llamativo que me pudo la curiosidad. A parte de pintor poseía otra característica: escritura especular, leí. Así que descubrí que aquel polifacético genio y yo teníamos algo en común, de modo que me produjo una alegría un tanto moderada, pero lo suficiente para descuidarme del feote dominical.
La pintura y la escritura de derecha a izquierda.
La tarde cobró luz, a pesar que seguía descargando el temporal afuera y yo enroscada en manta recobré una esperanza, pequeña pero suficiente para confiar en mí de nuevo.
De aquello ya hace tiempo, pero hoy he mirado mi mano zurda y me he sonreído, así, hacia mis adentros.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Ya es mayor y llena de “abueladas”.
Mi madre.
Pelo blanco y marcada cara y esa mirada chica.
Dónde quedó aquellos ojos azulinos, que ni azul ni lino. Gris violáceo eran, recuerdo.
Con sus defectos la quiero, y quién no tiene de eso. Yo, por ejemplo, un ramillete llevo.
El tiempo escrito en la cara;  montones de años.
Está tan viejita la que me parió
Que mayor; madre.
Cande Rguez 2016

martes, 1 de noviembre de 2016


IMPERTÉRRITO.
Ya estaba tardando en encontrar palabra que me sacuda. Me estaba preocupando. Pero llegó como siempre llegan, rompiendo mi lectura. Estaba ensimismada en el relato, en los huecos del libro que te atrapa. Apareció en la página 106, cuando menos la esperaba. Impertérrito. Volvía a leer y saborear su ritmo endiablado. Me cautivó de manera que repetí su música unas cuantas veces más. Que nervio posee a pesar que revela inercia. Mágica palabra.
Imperturbable, que no se intimida por nada.

miércoles, 26 de octubre de 2016

 ¿Llegó la hora? Adiós montaña.
Una vez quise abandonar, se había cumplido uno de mis sueños, no el más importante, pero sí de los casi imposibles. Y me apresuré a dejar ese camino una vez logrado la cima y buscar otro sendero diferente. Pero no lo llevé a cabo y los años se sumaron a más experiencias, todas llenas de vivencias extraordinarias. Ahora, en este momento, aquí, acomodada en mi rincón caótico aparece otra vez esa sensación de dejarlo, de dirigirme por entero a la senda también anhelada. Y me veo, con la cautela y el disimulo, suave y de puntillas alejándome de todo ello. Con el fin que nadie se percate, si bien es cierto, que nadie lo advierte.
Esa es la parte desventurada de todo esto.

domingo, 23 de octubre de 2016



OLVIDO.
Alocada, despistada, soñadora, desordenada, tímida, cohibida, miedosa y un sinfín de etiquetas. Todas mías, propias, trabajadas con conciencia o sin ella para llevarlas adosadas. Con el tiempo, afortunadamente me he ido deshaciendo de algunas, porque se habían convertido en un lastre, ya no hacían gracia, incluso aumentaron de tal forma que su peso dificultaba mis pasos. No voy a negar que, con el esfuerzo, desaparecieron, eso creo. Por lo menos yo no las veo. Y ocurre que una de las que permanecen junto a mí se ha transformado, se ha mutado, ha cambiado hasta el color y su sonido revolotea tímidamente. Hablo de mi divertido despiste que graciosamente me llevaba a situaciones incómodas, pero ¿Qué no arregla una sonrisa? Ahora, se llama olvido. Palabra con nombre de mujer, pero ésta no lleva garbo alguno. Las llaves… ¿dónde están? Ese pueblo de Pirineos que hace poco visitamos. ¿Su nombre? Y lo que es peor. El título del libro que actualmente leo. ¿Cuál es?
Aviso, me olvidaré de tu nombre amigo.

sábado, 8 de octubre de 2016

De cuando en cuando tomo en mis manos éste pequeño tomo para consultar palabras, dejando aún lado Internet y su rincón www.rae.es. Porque a veces el papel me complace; Antigua, quizás, pero nostálgica también. Hoy me he detenido a mirarlo, a examinarlo. No dejo de observarlo como si de repente me quisiera hablar.
¿Hablan los objetos?
Por un momento me pareció eso, que guardaba algo para decirme, esperando que alguna palabra quisiera consultar y mi mano se acercara a la estantería, a él.
Algo tan cotidiano e insignificante como un pequeño diccionario se convierta en algo atractivo al punto de detenerme ante él. Me pregunto desde cuándo lo tendré. Lo ojeo y aparece en la primera página en la parte superior “Raquel 5ªA” con letras bailarinas. Sus huellas están por aquí y me sonrío, así, para mis adentros. Ya hace tiempo de eso. Y mientras continúo con la contemplación me viene a la memoria mi hermano, porque yo tenía uno muy parecido a éste, verde y manoseado que también tenía sus trazos.
Yo solo buscaba la palabra “recrear” en sus páginas.