Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

(06/11/2019)

Descubrir palabras me chifla, pero hacía mucho tiempo que no me sorprendía una, hasta ayer.
Inmarcesible.
La repetí para pronunciarla bien, que lo requiere. Pues no me disgustó escucharla. Después, cuando supe su significado, fue aún más atractiva.
No creo que la utilice en algún texto, porque lo más probable es que me olvidase de ella, pero, quién sabe si un día, en un momento de optimismo o quizás, de pesimismo la use.

(04/11/2019)
Hoy eché de menos ver a mi padre.
Sentí su ausencia, tan intensamente que casi me quiebro. Pero sonreí, se que es leve, que pasará como la ligera bruma en los montes, en Anaga, su tierra.
En ocasiones, su serenidad me aplacaba, me envolvía de paz y recuperaba el aliento. Porque no soy fuerte, no soy coraje. Soy espuma, aire salado.
Eché de menos su mano templada que la extendía para ofrecerme, a mí, la calma, él, cariño.
Hoy lo vi en mi memoria, con su mirada amplia, limpia de mal, casi creí que estaba cerca, a mi lado.

Hoy, rememoré a mi padre y creo, sí, que vino.



(27/10/2019)
Los ojos de Raquel son como dos obsidianas, que miran y observan el mundo, callada. No es tranquila, lo parece, pero es inquieta por dentro. Delgada morena es la niña grande que quiero sin saber muy bien si se lo dije lo suficiente, quizás pueda ahora sin palabras, como a veces hablamos los tímidos. Como cuando chica le dejaba un hibiscus blanco, mi forma de decirle lo mucho que la quería. Otra vez sin palabras.
La niña madre que fui, ahora lo es ella, con Samuel por medio revolotea la ternura, la inocencia bonita.
Un hermoso regalo para endulzar el cuento infantil El volcán Pillo.
Pillo y la gaviota Dorotea vista a través de los ojos de mi hija Raquel.




(30/09/2019)
Es complicado conocer muchas personas a lo largo de la vida y llevarte bien con todas. Más aun querer agradarle. Siempre habrá quien se haga la despistada y pase de largo. Quizás yo también en alguna ocasión lo hiciera, no voy a darme de perfecta.
Después, pensando con los me gusta de las redes sociales. Tremendo dilema ese. No pone un me gusta y a el resto sí, ¿será por algo? El recrearse para ver el número o si aquella o la otra persona pasó de puntillas en la foto o comentario.
Es cansino entrar en ese juego.
La reflexión a todo esto es sencilla, no le voy a gustar a toda la gente que entiendo conozco, pero si nos vemos, un abrazo te dé.
Feliz comienzo, de lo que gusten comenzar, amigos.

(15/09/2019)
Busco el silencio del paisaje.
La vereda polvorienta me mansa. No quiero pensar, sólo contemplar el horizonte desigual. La montaña grande, la roca arrugada, volcán vigoroso que miras callado. Quiero olvidar lo ocurrido, ahora, sólo un momento. Agazaparme en la retama, en la lava vieja, en la nada.
Busco el silencio que me arrope, para mañana la fuerza sea mi aliada, para seguir, para continuar la tarea, vida esta, que a veces engaña y otras sorprende.


domingo, 4 de agosto de 2019



Terminé el último sorbo de café y el silencio del domingo, del descanso temprano hizo aparecer como borbotones los recuerdos de tantos que ya no están. La leve melancolía que asomaba quiso acompañarla de esa añoranza, de la gente ausente. Me subió lentamente la tristeza a la garganta, casi me ahogaba al comprobar que no eran pocos y los que eran los echaba de menos de alguna manera. Seguían presente como ahora, que surgen del olvido y los aireo, se alinean junto a mí. Quizás sea para no borrar del todo sus pasos por la vida, mi vida, al fin y al cabo participaron en ella. Puede que se unan para visitarme, como ahora, en un domingo callado, ausente de ritmo, pero latente.

miércoles, 31 de julio de 2019


Eres buena persona.
Cada vez que nos cruzábamos en la oficina, bien en el pasillo o en la fotocopiadora, daba igual el lugar, Jose mi compañero, mascullaba esa pequeña afirmación. Cuando lo escuchaba y se dirigía a mí con esa singular frase, me producía inesperadamente una leve sonrisa de incredulidad o, mejor dicho, recelo.
Lo cierto es que me sonaban arrinconadas y lejanas, no porque él las dijera, ni tampoco por ser de una estatura elevada y eso le provocara exclamar desde lo alto con perfilada resonancia.  En realidad, es que no soy buena persona, soy lo que se dice una bruja mala, como el colesterol LDL, que está y obstruyen las autopistas del corazón, de la cabeza, de nuestro interior, pero siempre está con nosotros.
Las brujas malas, yo, se acomodan con la buena gente y como tienen magia, se disfrazan de encantadoras. Claro, a veces el cansancio se asoma y se ve un poco, a mí, pero sólo, poquito ruin que soy, pero afortunadamente los amigos no lo tienen en cuenta, en cambio otros, me borran del mapa estelar, pero como soy mala, no me importa.
Jose me lo dijo hoy otra vez. Eres buena persona, y le sonrío, porque de tantas veces que lo ha dicho, casi me lo estoy creyendo, claro que no sólo a mí me regala ese alago, también se lo dice a las otras chicas.
Me rio, ahora me rio, con carcajadas grandes y satisfecha cuando me viene a la memoria una frase elocuente.
Una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad.