Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

martes, 13 de junio de 2017

el cuento de la rana
Lo miré fijamente por ver si sus ojos se tornaban azules, o verdes como su piel. Por si aparecía una amplia sonrisa de esmaltados dientes. Sin pestañear deje mi bolso en el suelo con cuidado para no alarmarle y seguí mirando por si en algún momento ocurriera. Tomé asiento cerca del borde sin mover el agua, no quería asustarlo y con los pies cruzados esperé un rato con la respiración controlada, por si mi aliento perturbara su placentero reposo. Aguardé un poco más sin querer desesperar y le observé con más detenimiento por si aparecía el cabello negro o dorado, los amplios hombros, los musculosos brazos o la piernas. Me miraba inmóvil. Su verde aspecto, su cama verde y verdoso estanque no mostraron la intención de cambio. Me alejé con el mismo ánimo que llegué, pero con la falda sucia y las piernas adormiladas.
No recuerdo el cuento.

¿Tenía que darle un beso?

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