Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

miércoles, 27 de noviembre de 2019



(30/09/2019)
Es complicado conocer muchas personas a lo largo de la vida y llevarte bien con todas. Más aun querer agradarle. Siempre habrá quien se haga la despistada y pase de largo. Quizás yo también en alguna ocasión lo hiciera, no voy a darme de perfecta.
Después, pensando con los me gusta de las redes sociales. Tremendo dilema ese. No pone un me gusta y a el resto sí, ¿será por algo? El recrearse para ver el número o si aquella o la otra persona pasó de puntillas en la foto o comentario.
Es cansino entrar en ese juego.
La reflexión a todo esto es sencilla, no le voy a gustar a toda la gente que entiendo conozco, pero si nos vemos, un abrazo te dé.
Feliz comienzo, de lo que gusten comenzar, amigos.

(15/09/2019)
Busco el silencio del paisaje.
La vereda polvorienta me mansa. No quiero pensar, sólo contemplar el horizonte desigual. La montaña grande, la roca arrugada, volcán vigoroso que miras callado. Quiero olvidar lo ocurrido, ahora, sólo un momento. Agazaparme en la retama, en la lava vieja, en la nada.
Busco el silencio que me arrope, para mañana la fuerza sea mi aliada, para seguir, para continuar la tarea, vida esta, que a veces engaña y otras sorprende.


domingo, 4 de agosto de 2019



Terminé el último sorbo de café y el silencio del domingo, del descanso temprano hizo aparecer como borbotones los recuerdos de tantos que ya no están. La leve melancolía que asomaba quiso acompañarla de esa añoranza, de la gente ausente. Me subió lentamente la tristeza a la garganta, casi me ahogaba al comprobar que no eran pocos y los que eran los echaba de menos de alguna manera. Seguían presente como ahora, que surgen del olvido y los aireo, se alinean junto a mí. Quizás sea para no borrar del todo sus pasos por la vida, mi vida, al fin y al cabo participaron en ella. Puede que se unan para visitarme, como ahora, en un domingo callado, ausente de ritmo, pero latente.

miércoles, 31 de julio de 2019


Eres buena persona.
Cada vez que nos cruzábamos en la oficina, bien en el pasillo o en la fotocopiadora, daba igual el lugar, Jose mi compañero, mascullaba esa pequeña afirmación. Cuando lo escuchaba y se dirigía a mí con esa singular frase, me producía inesperadamente una leve sonrisa de incredulidad o, mejor dicho, recelo.
Lo cierto es que me sonaban arrinconadas y lejanas, no porque él las dijera, ni tampoco por ser de una estatura elevada y eso le provocara exclamar desde lo alto con perfilada resonancia.  En realidad, es que no soy buena persona, soy lo que se dice una bruja mala, como el colesterol LDL, que está y obstruyen las autopistas del corazón, de la cabeza, de nuestro interior, pero siempre está con nosotros.
Las brujas malas, yo, se acomodan con la buena gente y como tienen magia, se disfrazan de encantadoras. Claro, a veces el cansancio se asoma y se ve un poco, a mí, pero sólo, poquito ruin que soy, pero afortunadamente los amigos no lo tienen en cuenta, en cambio otros, me borran del mapa estelar, pero como soy mala, no me importa.
Jose me lo dijo hoy otra vez. Eres buena persona, y le sonrío, porque de tantas veces que lo ha dicho, casi me lo estoy creyendo, claro que no sólo a mí me regala ese alago, también se lo dice a las otras chicas.
Me rio, ahora me rio, con carcajadas grandes y satisfecha cuando me viene a la memoria una frase elocuente.
Una mentira repetida mil veces, se convierte en verdad.

sábado, 20 de julio de 2019


¿Escribir tú?
Repaso los pasos, me detengo en el tiempo lejano, cuando alguien dijo que era incapaz, que no era capaz. Paz.
Segundos abrumadores dieron paso después a ignorar esas palabras. Sonrío.
Tampoco el logro es tan brillante, apenas ilumina un rincón, pero asoma la pequeña llama revoltosa y tímida que de seguro alguien admirará. Esperanza.
Las palabras siempre conllevan sombras alargadas, sinuosas, hasta el punto que se presentan tenebrosas, aunque, por el contrario, afortunadamente las otras, las bonitas, danzan elegantes y tiernas dejando entre ver que sí, que tal vez algún día…
Se puede, claro que se puede dejar atrás la adversidad, arrinconar la falta de fe, o de poco interés, esos ojos malévolos, quien sabe que oculta esa mirada.
No eres lo suficientemente culta, intelectual, literaria, lo digo por tu bien.
A dónde vas ¿con una novela?
¡Voy a donde yo quiero!

sábado, 6 de julio de 2019


                                       DE PEQUEÑA, YA MI MIRADA VOLABA SIN RUMBO.
   Lo recordaba no hace mucho con mi madre. Cuando le explicaba con orgullo que pronto iba a presentarse un nuevo libro de relatos, con varios escritores, y que yo participaba también. En una pausa reflexioné un diminuto segundo. Teniendo en cuenta que está lejos de contener palabras cultas y licenciadas. Sin embargo, recordé en otro segundo aquel amigo que le gustaba mi escritura sencilla y directa, sin florituras, así lo apuntó, otra señaló, eran mis textos livianos como dientes de león.  Eso, acabó por convencerme, despertar cierta aceptación sin ser mediocre, me conformaba la idea para continuar. Pero no era eso lo que iba a comentar. Me había quedado con mis ojos y mi forma de mirar las cosas de niña. Nos reímos, sí, mi madre y yo, seguimos ahí, en el rencuentro del pasado rememorando mis despistes ante la tabla de multiplicar con mi padre sentado y yo de pie a su costado, apenas le sobrepasaba el hombro, repasábamos la tabla del cinco, con lo fácil que era esa. Mi padre insistía.
     −Cinco por cinco, Yaya.
     Definitivamente él y su inmensa paciencia se rendía ante mí, porque lo que me atraía no era los números sino mirar aquella mosquita que buscada un lugar donde posarse. Donde tendrá esta niña la cabeza, le replicaba mi madre. Y las dos, ahora en Bajamar nos reímos por semejante tontería.
       Cuando mi madre sonríe, se para el tiempo.

viernes, 28 de junio de 2019



        
 Hacía mucho tiempo que no miraba cariñosamente a Madrid…  ya tocaba.

         
   Mis ojos volvieron a brillar como una jovencita adolescente, con esa chispa que tan solo los que se estremecen por pequeñas cosas saben de qué hablo. Los minutos fueron intensos como regalos envueltos en papel bonito, de muchos colores. En seguida supe que todo me iba a gustar, como siempre pasa. Un poquito de todo en la gran ciudad. Era la escapada perfecta para dejar atrás la angustia diaria, las obligaciones y sí, también la novela.

  Entre sus amplias calles, sus elegantes fachadas puedes contemplar una escena peculiar, alguien toma un vermut en una terraza de cafetería decorada con buen gusto y a unos pasos en un portal, duerme una persona envuelta en mantas, un desahuciado de la vida. Es cierto, siempre habrá pobres, y ricos, desde los comienzos.

   Pero Madrid siempre me acoge con encanto y yo… encantada.