Mirar a otro lado a veces
es mi arma para no ver. Pero no siempre estaré de buen humor para aguantar
gilipolleces. El caso es que se creen que una es boba. No, lo que ocurre es que
evito el enfrentamiento, porque entonces rompería la baraja.
Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.
viernes, 12 de enero de 2018
lunes, 8 de enero de 2018
Aunque siempre se asomen los miedos, incluso esas tormentas
frías que mojan mis sueños, y pese a que la fe en mí solo es mía, la alimento
con acaramelados dulces de colores. Deja que te diga que jamás me rindo, aunque
mis ojos se llenen de lágrimas. Por muy oscuro que mi camino aparezca, mis
pasos me llevaran a parajes luminosos. No me preguntes en donde se encuentra la
magia que me eleva, la que me recupera con la cara limpia y las manos
extendidas para coger todo lo bueno que me llegue. No hay truco, es no querer doblegarse
ante las dificultades.
Me gusta el 2018, seguramente porque mi número es el ocho.
jueves, 28 de diciembre de 2017
Pregúntame que día del
año es mi favorito. No, no creas que es el día de mi cumpleaños, no es ese. ¿Te
rindes? ¡los Reyes! ¿sorprendido? Pues yo sí me quedé así cuando hoy en el
trabajo, mientras atendía a una mamá, su hija de unos diez años, apoyada en la
mesa me miraba seria. Yo, para romper el incómodo momento le comenté a la niña.
- -- Pronto los reyes-- con una media sonrisa.
Pero continuo impávida mirándome
fijamente. Otra oportunidad me dije al mismo tiempo que tecleaba afanada en el
ordenador. Paré, respiré suavemente y con mi mejor sonrisa le dije.
- --¿Estás ilusionada?
- -- No.
No pude reprimir la
pregunta y me lancé.
- -- ¿Por qué?
Y ella sin pestañear
dijo.
- -- Porque son aburridos.
No, no puede ser pensé,
un niño que se aburre en reyes, eso es imposible. Rememoré mis reyes y me di
cuenta que al día de hoy sigue siendo la fecha más bonita del calendario, el
mío, claro.
miércoles, 13 de diciembre de 2017
miércoles, 6 de diciembre de 2017
El gorro.
Secretos, esfuerzos,
historias de vértigo, decepciones y alguna que otra lágrima. Aunque el gorro de
mis amores, el primero, el único, además lleva consigo las risas y las carcajadas,
los paisajes y los olores. Tantos colores como el pintor que sueña para su
cuadro, la música del viento, la mano amiga, la fatiga hecha recompensa o la
derrota hecha experiencia.
Mi gorro hinchado, que
bonito.
martes, 7 de noviembre de 2017
Me miraba rara, con una
insípida expresión. Mientras, sujetaba su tarta de chocolate en el mostrador de
la dulcería. El dependiente intentaba atraer su atención con una amplia sonrisa
y le decía con buenas formas el precio de aquel delicioso pastel de colores
llamativos, porque desde donde yo estaba apreciaba un marrón chocolatero, con
rojos, verdes brillantes y un decorativo morado. Hasta a mí me sobrevino el
desconsuelo al verlo inmóvil, a la espera de que aquella mujer de extraña
mirada se lo adueñara de una vez. Pero ella, la que me miraba raro, no dejaba
de torcer la cabeza en dirección a mí. Otra vez. Yo quise ignorarla mientras
intentaba saborear un barraquito preparado con exquisito gusto, tres capas de
colores: blanco, café y crema. Aunque no pude, la tenía en frente y cada vez
que levantaba la cabeza la veía a ella, elegantemente vestida, peinada y de mirada
indefinida, entre curiosa y repelente. No sé, pero mi tarta de manzana perdió
todo el encanto por culpa de la señora. Así me pareció. ¿Será que me reconoce? Me
pregunté, incluso dudé si ofrecerle una sonrisa, pero de inmediato abandoné esa
idea, sí, la mirada. Puede ser de montaña, o de literatura, quizás de pintura,
o de volcanes. Me preguntaba ya algo inquieta. Puede ser del trabajo, veo
tantos rostros al día. No, no me resulta familiar. Apuro el café rico y decido con las migas no
dejarlas atrás y repaso con el tenedor hasta la más pequeña. La verdad que
pareces una muerta de hambre, diría mi madre si me viera. Fue al entrar en el
coche, poco después, cuando realmente encontré la explicación, eso creo. Repasé
mi aspecto, era lamentable, polvo, polvo y polvo.
Cosas de ir a la montaña y tener hambre
después.
miércoles, 25 de octubre de 2017
Pon en tu vida un amuleto.
Toda persona que se aprecie debería tener
uno. Seguramente debo decirlo porque soy un poco supersticiosa, pero poquito. Nada
del otro mundo: los gatos negros, pasar por debajo de una escalera, brindar con
agua, y alguno más nada relevante. Y aunque al decir esto parezca que debo
tener cachivaches de la buena suerte rondando mi rincón de pensar y crear. Nada.
Sin embargo, ahora tengo uno. Lo descubrí no hace mucho, fue por casualidad,
buscaba afanosa como de costumbre que necesito inspiración, cuando me agobia la
falta de concentración, o simplemente aparece el blanco e inmaculado vacío de
ideas. Lo cogí como siempre hacía y me abaniqué, con meneo ligero, como si
desprendiera no solo aire. Que cosa, es entonces cuando me doy cuenta, es mi amuleto,
siempre lo había sido.
¿Tú no tienes uno?
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