Dichoso mes de diciembre que me abre sentimientos y me
reboza de sensibilidad tonta. Diciembre de familia y celebración. De heridas y
soledades, de añoranzas.
Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.
miércoles, 13 de diciembre de 2017
miércoles, 6 de diciembre de 2017
El gorro.
Secretos, esfuerzos,
historias de vértigo, decepciones y alguna que otra lágrima. Aunque el gorro de
mis amores, el primero, el único, además lleva consigo las risas y las carcajadas,
los paisajes y los olores. Tantos colores como el pintor que sueña para su
cuadro, la música del viento, la mano amiga, la fatiga hecha recompensa o la
derrota hecha experiencia.
Mi gorro hinchado, que
bonito.
martes, 7 de noviembre de 2017
Me miraba rara, con una
insípida expresión. Mientras, sujetaba su tarta de chocolate en el mostrador de
la dulcería. El dependiente intentaba atraer su atención con una amplia sonrisa
y le decía con buenas formas el precio de aquel delicioso pastel de colores
llamativos, porque desde donde yo estaba apreciaba un marrón chocolatero, con
rojos, verdes brillantes y un decorativo morado. Hasta a mí me sobrevino el
desconsuelo al verlo inmóvil, a la espera de que aquella mujer de extraña
mirada se lo adueñara de una vez. Pero ella, la que me miraba raro, no dejaba
de torcer la cabeza en dirección a mí. Otra vez. Yo quise ignorarla mientras
intentaba saborear un barraquito preparado con exquisito gusto, tres capas de
colores: blanco, café y crema. Aunque no pude, la tenía en frente y cada vez
que levantaba la cabeza la veía a ella, elegantemente vestida, peinada y de mirada
indefinida, entre curiosa y repelente. No sé, pero mi tarta de manzana perdió
todo el encanto por culpa de la señora. Así me pareció. ¿Será que me reconoce? Me
pregunté, incluso dudé si ofrecerle una sonrisa, pero de inmediato abandoné esa
idea, sí, la mirada. Puede ser de montaña, o de literatura, quizás de pintura,
o de volcanes. Me preguntaba ya algo inquieta. Puede ser del trabajo, veo
tantos rostros al día. No, no me resulta familiar. Apuro el café rico y decido con las migas no
dejarlas atrás y repaso con el tenedor hasta la más pequeña. La verdad que
pareces una muerta de hambre, diría mi madre si me viera. Fue al entrar en el
coche, poco después, cuando realmente encontré la explicación, eso creo. Repasé
mi aspecto, era lamentable, polvo, polvo y polvo.
Cosas de ir a la montaña y tener hambre
después.
miércoles, 25 de octubre de 2017
Pon en tu vida un amuleto.
Toda persona que se aprecie debería tener
uno. Seguramente debo decirlo porque soy un poco supersticiosa, pero poquito. Nada
del otro mundo: los gatos negros, pasar por debajo de una escalera, brindar con
agua, y alguno más nada relevante. Y aunque al decir esto parezca que debo
tener cachivaches de la buena suerte rondando mi rincón de pensar y crear. Nada.
Sin embargo, ahora tengo uno. Lo descubrí no hace mucho, fue por casualidad,
buscaba afanosa como de costumbre que necesito inspiración, cuando me agobia la
falta de concentración, o simplemente aparece el blanco e inmaculado vacío de
ideas. Lo cogí como siempre hacía y me abaniqué, con meneo ligero, como si
desprendiera no solo aire. Que cosa, es entonces cuando me doy cuenta, es mi amuleto,
siempre lo había sido.
¿Tú no tienes uno?
domingo, 27 de agosto de 2017
Pasa rápido el tiempo,
nada más y nada menos que 10 años ¿has visto?
Sigo tu consejo,
el que antes de marcharte me diste, en tu despedida ¿recuerdas?. “Tranquila,
Cande, tranquila”. Y lo intento, mira que lo intento; a veces sí, a veces no.
Te recuerdo de mil formas, papi. Cuando chica y jugabas conmigo a tocar el
techo, o yo de peluquera con tus pelos, como te dejabas. Después, ya mujercita
con mis travesuras, pero siempre sentí tu paciencia y moderación. Y más tarde
de abuelo, y con el Turco afgano, mira que te gustaba quererle. Luego yo de mayor,
te veo con tu mano extendida, siempre dispuesta ofreciendo el cariño que sabías tanto necesitaba, y ahí, me la estrechabas y me sentía tan bien papá.
Como te echo de menos.
sábado, 5 de agosto de 2017
¿A quién no le ha pasado alguna
vez, que una frase le traslada a un lugar o le recuerda a una persona? Lo sé, a
ti muchas veces. Ayer me ocurrió a mí también. Fue en la página 135 de un librito
de cuentos. Mientras me encontraba sumida en un relato mágico, porque Hermann
Hesse tiene ese poder, lo puede experimentar. Me paré y la leí varias veces,
como tengo costumbre cuando algo me impresiona y dice: “porque los árboles le
parecían la encarnación de la placidez, de la fuerza y de la dignidad” Así que
me recreé en tan bella observación que recordé inmediatamente a mi padre en
ella.
Fuerte momento más
agradable.
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