Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.

sábado, 21 de enero de 2017

-          UN DIALOGO CUALQUIERA EN UN DÍA CUALQUIERA
- -        - ¡Hola! Cuánto tiempo- dijo con admiración aparente.
-         - Hola muchacha ¿Qué pasó? - respondí con alegría.
-          -Nada, todo bien – replicó.
-        -  ¿Qué tal la familia y el trabajo?- le dije con mi sonrisa, sonrisita.
-          Bien, bien – exclamó – La familia ya bien, después que me diste esa referencia del médico naturista. El curro mucho mejor, un acierto ese consejo de ir a lo mío me vino muy bien y qué decir del restaurante que me enviaste por WhatsApp para la cena sorpresa, todo un éxito. Además, mis padres están contentos con el hotel que conocías, quedaron muy satisfechos.
-         - Me alegro mucho mi niña – le comenté.
-          -Bueno, te dejo que tengo prisa, nos vemos en otro momento para un café ¿Vale? - concluyó y después de dos besos se alejó con paso ligero.

Y me quedé pensado. <<No me preguntó por mi novio, ni por mi familia, ni curro, ni mis proyectos. ¿No le interesa? Bah, seguro que se despistó, que mal pensada soy>>.

miércoles, 18 de enero de 2017

Mientras tomo mi rutinario, pero no por ello menos exquisito cortado de leche condensada, justo en mi descanso del trabajo. Mi mano remueve con ceremonia la cucharilla, dando vueltas en círculos con el clic clic. Al mismo tiempo miro a mi derecha y veo a una señora algo entrada en edad, pero bien conservada y, además, de buen ver. Pienso para mis adentros si llegaré a tener ese aspecto saludable cuando sea (más) mayor y sonrío. Ella, con una elegancia de cuna, porque eso se nace, pasa las hojas de la prensa sin prisa, cosa que envidio, y me digo, a más edad menos prisa. Entonces me dispongo a tomarme calentito mi cortadito y continúo fisgoneando a la señora. La barra solo la ocupamos ella y yo, nos separan tan solo tres asientos, los demás clientes de la cafetería están repartidos por las mesas y nos acompaña el murmullo habitual de esas horas de la mañana. Me doy cuenta, en mi curiosidad que posa su mirada con extremo interés en una de las páginas y me alongo discretamente para ver qué le ha despertado tamaño interés. ¡Las esquelas! exclamo con grito, pero en mi mente. Toda llena de cruces y fotografías de los difuntos. Supongo que en busca de algún conocido. Me recompongo en el taburete y abandono a la mujer en su búsqueda y termino el sorbito delicioso que aún me queda.  Si bien, esa escena me hizo recordar aquella extraña costumbre de adolescente. La de mirar las páginas funerarias de los fallecidos, sus edades, y todo dato que por aquel entonces el huroneo me cautivaba. Esa época rara mía que ahora memorizo y me digo. Qué siniestra. Y me invade la duda de si albergo algo aún de esa funesta chifladura.

(río a carcajada).

sábado, 14 de enero de 2017

Se me ocurrió, como me pasa desde hace un tiempo para acá, observar palabras que me resultan, vamos a decir interesantes. Y tropiezo con: amistad. Tremenda ¿verdad? Tengo que decirlo, la he tenido como estandarte invisible, claro, pero primordial durante mucho tiempo por no decir siempre.
AMISTAD: Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato. Dice RAE.
Mientras investigo su verdadero significado me viene a la memoria (de vez en cuando funciona) aquél medio amigo medio novio que me decía con la boca llena que no tenía amigos. Yo me eché las manos a la cabeza cuando le escuché. ¿Cómo puede estar sin amigos? Por aquél entonces yo tenía tropecientos amigos, recibía tropecientas llamadas, me daban tropecientos saludos y que decir de las visitas…
Pero como el otoño, ocurrió que fueron cayendo como hojas del árbol. Quizás fue el viento o ya marchitas. Yo qué sé, pero los tropecientos fueron menguando. Supongo que el cambio climático tendrá algo que ver también, ya sabes, los cambios.
El caso es que ahora sentada, mirando las letras, las palabras, las frases continúo mi camino, como siempre. Pero lo peor de todo es darle la razón a mi apreciado medio amigo medio novio de hace tropecientos años cuando me dijo:
-          Son conocidos que van y vienen Señora Cande.

Y yo, evidentemente también soy hoja marchita de otros árboles.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Ahora que echo la vista atrás para observar el 2016, solo se me ocurre una palabra tan potente como temida. Cambio.
Dejé de fumar en enero de 1989, era un propósito de una pequeña lista y lo cumplí. El único que recuerdo; Dos cajetillas diarias de cigarrillos negros. Era para suprimirlo sí o sí. Así, siempre con una pequeña lista de propósitos. El año pasado me propuse otras cuantas, como es de suponer. Una de ellas era enfadarme menos y casi lo consigo, el resto ni me acuerdo. Ahora que paseo por el año que dejo, quiero volver a intentar no enfadarme, puede que lo logre, el reto de la nicotina me avala.  Además, quiero seguir con el cambio y mi tan querido y recuperado mundo interior y alguna cosa más que ahora se me escapa…
Feliz 2017.

sábado, 10 de diciembre de 2016

GOFIO Y LIMÓN.
Aunque no está en mi despensa el gofio, por alguna extraña razón me atrae en éstas épocas el desconsuelo de saborearlo, quizás sea el frío. Y desconsuelo; palabra que al final no es realmente magua, sino falta de consuelo, pero me gusta seguir usándola, por no querer perder la costumbre de darle una patada de vez en cuando al diccionario. Con conciencia, claro.
Y retomando el asunto del millo tostado y molidito. Me propuse degustarlo con el potaje de berros. Mientras removía con la templanza que se debe, apareció el viejito. Lo vi entre el verde y marrón rotando despacio. Mira que le gustaba el gofio, sí, en todas sus formas y el tazón me acercó a él tan  silencioso, tan cercano. Me supo. Al mismo tiempo y pasado unos días, haciendo un bizcochón, con un estilo personal poco profesional, aparece el limón ya usado, sin piel, desnudo. Me recordó a ella, a mi madre. Siempre había un limón aún más desvestido que el mío junto a las frutas. Los dos me recordaron aquellos años de mi niñez. Que chiquilla era para sentir ahora sus ausencias de padres protectores y que mayor estoy que lo recuerdo tan lejano.

Casi aparecieron juntos, el gofio y el limón, con pocos días de diferencia. Trajeron algo en común; Mis padres y un mismo sentimiento. (Dichosas fechas).

jueves, 8 de diciembre de 2016


Cosas que descubro y me transmite ternura.

 Vi con que naturalidad los cogía y más con que gusto se lo comía. Le pregunté si los picos no le hacían daño y se echó a reír.

 -- No, aquí hay callos y no se atreven. – Me contestó.

Después le dije si podía sacarle una foto y con un gesto sencillo me dijo que sí. Mientras su cara se llenó de orgullo enseñando la habilidad de sus manos.

Qué momento tan pequeño y tan grande a la vez.

lunes, 5 de diciembre de 2016

Cuando me detengo, respiro y miro.
Descanso en una nota musical o el revoloteo de una hoja seca que el viento a su capricho menea. Hay veces que me paro ante la simple gota de agua que resbala tras el cristal, después un día frío y lluvioso. Me alojo en el silencio de un segundo de bienestar. Son esos pequeños instantes de reposo donde me pierdo en un ensueño. Entonces, recupero el presente y me doy cuenta que no soy perfecta y sonrío aliviada.