Me he bloqueado como los ordenadores. He dado muchas veces
intro sin resultado. Entonces he tenido que resetear y ahora estoy vacía de
contenido y continente. Limpita diría
alguien, con espacio diría yo. Mientras me observo el hueco de mi yo misma, me
voy dando cuenta que resulta agradable eso de estar sin el ruido metálico de
los ficheros, unos arcaicos, muchos en desusos y otros tantos sin actualizar.
- Fuerte porquería
tenía yo aquí-- me dije una vez consciente --Seguro que ha tenido que ver ese
cursito de mindfulness. Tomar conciencia y ya ves, a quitar lo que no vale.
Lo que ocurre ahora,
es que, aunque hay ficheros que por defecto siguen ahí, como los de la infancia,
que están muy arraigados y son difíciles de deshacerse de ellos, lo demás ahora
me dan pereza instalarlos. Porque entre otras cosas, me gusta un poco ser
kafkiana, todo hay que decirlo.
Solución: dejar que poco a poco se recuperar lo que vale
realmente.