Hacía tiempo que una
palabra no me asaltaba de bonita o curiosa. Ya echaba de menos esa sensación de
descubrir o rememorar. Rebuscando para una frase, apareció ella. Bulla. Apenas
se escucha por pequeña, pero de un significado enorme. Bulla, bella, aunque a
muchos le dé dolor de cabeza.
Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.
martes, 27 de noviembre de 2018
viernes, 16 de noviembre de 2018
Hoy, mientras iba al
cortadito de las siete, me di cuenta de que el barrio donde trabajo me ha adoptado como suyo. Solo hizo falta el paseo matutino. Primero los buenos días a los señores sentados en el rellano del ventanal de un comercio que pasan las horas
hablando y fumando, supongo que ahora se regocijan de la tranquilidad obligada o no, aunque, eso sí, continúan madrugando. También el saludo al
camarero que con la sonrisa amplia y amable me sirve el café, siempre acompañada de un chiste y me arranca unas risas. Yo agradecida. Devuelta al trabajo
paso por la panadería donde el aroma del pan recién horneado hace las delicias
de esa parte de la calle, ella, la dependienta me mira, va a saludar, pero mis
pasos se adelantaron y desaparecí acera arriba frustrando su saludo, sin yo querer, claro. En la esquina la
farmacia, aun cerrada a punto de abrir, y en la otra el micro supermercado, que visito más de lo que pensaba. Cerca el señor que vende
cupones de buena mañana, en su lugar de costumbre, al intemperie, acompañado siempre por una señora, constantemente están hablando. Los dejos atrás y a pocos paso, el puente, donde me gusta detenerme a mirar el mar a lo lejos, y el horizonte hoy enrojecido, despuntando el día. Dos chiquillo con la mochila y repeinados cuchichean entre ellos, se dirigen al colegio junto a su madre que me ofrece otro hola mañanera, lo devuelvo con una sonrisa. Y es ahí, justo ahí cuando me siento parte del lugar.Queda unos minutos para empezar la jornada con la sensación agradable que el barrio de mi trabajo es parte de mi historia.
viernes, 19 de octubre de 2018
Me eché a reír sola, mientras
relajada miraba el techo de la habitación. Estaba oscuro porque era todavía temprano,
aunque se podía ver la silueta de la lampara tras la tímida luz. No, no era el
sol, hoy estaba nublado y el patio olía a mojado, ese olor a lluvia temprana. La
cortina cedía el aroma con elegancia y parsimonia. Era hasta arrullador el
movimiento. Todo eso al tiempo que recordé con agrado de ahí mi risa, la
casualidad que tienen mis dos amigas. En mis elucubraciones reparé donde las
conocí. ¡En el trabajo! Por aquel entonces era La Tesorería General de la Seguridad
Social, primero a Mary Amor hace treinta y cinco años y unos menos a Rosa Mary.
Entre papeles y archivos.
Hoy antes de comenzar el día, de esos que
rememoro la amistad ellas aparecieron.
Con un cariño muy especial amigas.
miércoles, 17 de octubre de 2018
Un caramelito con manitas
juguetonas, de mirada amplia y curiosa. Su olor a leche, a limpio, a jazmín. Se
abre una puerta llena de telas de arañas, olvidada, incluso las ventanas
cobraron luz junto a un aire fresco, como un amanecer después de la lluvia. Frágil
pero fuerte. Sonríe, pero no a todos.
El silencio manso que reinaba
queda atrás y ahora lo domina la risa, el llanto, las futuras palabras que sin
forma ya hablan. También el grito pequeño y el susto inmediato. Los abrazos,
los abrazos son lo mejor. No, no es cierto, lo mejor… es todo él.
miércoles, 22 de agosto de 2018
Yo creía que con el tiempo
y lo aprendido…las canas, la edad, me darían sabiduría. Sobre todo, que tendría
muchos amigos entre otras muchas cosas. La amistad, que tesoro. Sin embargo, estaba equivocada. Triste conclusión
querido mundo. Pero en realidad no le echo la culpa a nadie, sino a mí, a mí sola,
porque también, como unos cuantos, estoy tremendamente intoxicada.
martes, 10 de julio de 2018
Hay veces que uno deja de
ser persona y pasa a ser circunstancia. Cuando eso ocurre, como es mi caso, no
me reconozco del todo. Entonces, me entra la duda si los demás también perciben
esa metamorfosis. Y si eso fuera así, pido disculpas por mis ausencias, por mis
cambios de humor, por mi poca paciencia. Pero es lo que toca ahora. El deber
por encima de todas las cosas y eso, por un lado me reconforta, pero por otro, confieso
que me inquieta, por si el tiempo quiebre las cosas y nada sea ya como antes.
Solo me queda tomar fuerzas para continuar en ese sendero de responsabilidad.
Espero regresar algún día
a Cande, la de siempre. Quién sabe si puede que sea mañana mismo.
Feliz verano.
viernes, 22 de junio de 2018
De pronto recuerdas las
distancias de los antiguos caminos. Las rutas de sinuosos desniveles que mis
pies saboreaban. Dejas atrás el tiempo en que los amigos entre risas abrazaban
la alegría. Atrás queda los verdes, los ocres, los azules y blancos. Gama de
colores que mi retina saboreaba como un helado cremoso, casi derretido entre
mis manos.
Cuando reposo, cuando me detengo aparecen esos
relámpagos de imágenes.
Es la nostalgia.
Pero no sería Cande si no remontara, si no flotara
emergente como una frágil pompa de jabón.
Porque a veces se siembra tempestades, pero también a
veces campos de trigo.
Entonces...Pirineos?
Entonces...Pirineos?
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