De chica era mi abuela,
madre de mi padre la que me conquistó y aun hoy perdura ese amor por aquella
mujer tan especial. No fueron muchos los años que la tuve, pero los suficientes
para que me marcara para siempre con sus pequeños gestos. Después llegó mi madre,
la nueva abuela de mi hija, la abuela que estaba siempre para cualquier
problema. La que llena de besos la cara de la niña y la achucha hasta casi
romperla. Pero ahora, no hace mucho, se ha convertido en la abuela mayor, porque
yo he cogido el relevo. Cojo el testigo y soy la nueva abuela. Me toca dar lo aprendido
de pequeña con la abuela Ventura, esos pequeños pellizcos de cariño que me
alegraron tanto o los amores desbordados de mi madre Magdalena, hacia mi hija
Raquel, como si no hubiera un mañana. Además, para añadir a todo esto, los de
mi cosecha, que son otros tantos que se me desparraman para ofrecérselos al
pequeño Samuel.
Mis pasos son lentos. Lo sé. Pero me acompañan los sueños, los creados con cimientos de intenciones. Si bien, el desaliento (la mueca) apareciera con el propósito de frenar mi ritmo, lo ignoraré y continuaré. Así pues, pese a no saber donde está la meta, miraré hacia el horizonte para proseguir mi rumbo: la vida.
miércoles, 21 de febrero de 2018
domingo, 4 de febrero de 2018
Ha tenido que pasar más
de veinte años sin cuestionarme por qué no tengo microondas. Sí, en ocasiones,
y solo en ocasiones me engancho a una idea. En aquella época era vegetariana y otro
espacio macrobiótica y me llevó a ser rigurosa y cuidarme. Ahora también pero
más relajada. No siempre lo consigo porque también me gusta saltarme las normas
y salirme de la línea. Y es en este momento que me pregunto por qué mantuve tanto
tiempo esa postura. Quizás, quien sabe en breve en mi cocina podría ir
nuevamente ese aparato electrónico castigado duranta tanto tiempo.
Además, hay otra interrogante
que me aborda nuevamente.
¿Qué más tendré atornillado
que no me he dado cuenta?
sábado, 13 de enero de 2018
viernes, 12 de enero de 2018
lunes, 8 de enero de 2018
Aunque siempre se asomen los miedos, incluso esas tormentas
frías que mojan mis sueños, y pese a que la fe en mí solo es mía, la alimento
con acaramelados dulces de colores. Deja que te diga que jamás me rindo, aunque
mis ojos se llenen de lágrimas. Por muy oscuro que mi camino aparezca, mis
pasos me llevaran a parajes luminosos. No me preguntes en donde se encuentra la
magia que me eleva, la que me recupera con la cara limpia y las manos
extendidas para coger todo lo bueno que me llegue. No hay truco, es no querer doblegarse
ante las dificultades.
Me gusta el 2018, seguramente porque mi número es el ocho.
jueves, 28 de diciembre de 2017
Pregúntame que día del
año es mi favorito. No, no creas que es el día de mi cumpleaños, no es ese. ¿Te
rindes? ¡los Reyes! ¿sorprendido? Pues yo sí me quedé así cuando hoy en el
trabajo, mientras atendía a una mamá, su hija de unos diez años, apoyada en la
mesa me miraba seria. Yo, para romper el incómodo momento le comenté a la niña.
- -- Pronto los reyes-- con una media sonrisa.
Pero continuo impávida mirándome
fijamente. Otra oportunidad me dije al mismo tiempo que tecleaba afanada en el
ordenador. Paré, respiré suavemente y con mi mejor sonrisa le dije.
- --¿Estás ilusionada?
- -- No.
No pude reprimir la
pregunta y me lancé.
- -- ¿Por qué?
Y ella sin pestañear
dijo.
- -- Porque son aburridos.
No, no puede ser pensé,
un niño que se aburre en reyes, eso es imposible. Rememoré mis reyes y me di
cuenta que al día de hoy sigue siendo la fecha más bonita del calendario, el
mío, claro.
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